jueves, julio 24, 2008
miércoles, julio 23, 2008
martes, julio 22, 2008
lunes, julio 21, 2008
viernes, julio 18, 2008
domingo, julio 06, 2008
viernes, junio 27, 2008
jueves, junio 26, 2008
lunes, junio 23, 2008
domingo, junio 22, 2008
sábado, junio 21, 2008
miércoles, mayo 21, 2008
domingo, mayo 04, 2008
sábado, mayo 03, 2008
viernes, mayo 02, 2008
jueves, mayo 01, 2008
domingo, abril 13, 2008
Juan Echanove
Luis me invita a la inauguración de una joyería. Su estudio ha diseñado la reforma del local y ha organizado un cocktail para celebrarlo.
—¿Podrías intentar convencer a Nacho y a Borja de que se pasen? He intentado hablar con ellos pero están siempre ocupados.
Sólo consigo que me acompañe Nacho. Borja está haciendo trabajo de investigación para su película y ese día asiste a un seminario sobre energías renovables en Toledo.
Acudimos directamente al bar en el que se celebra el cocktail. La edad media de los invitados es de ciento cincuenta años. Luis está de pie encima de un altavoz hablando por un micrófono. Informa a los asistentes de que al final de la noche participarán en el sorteo de un diamante. Saludamos a Pablo, el socio de Luis. Nos pide que le acompañemos. Nos conduce a otra sala y nos presenta a Ana Botella. Los camareros se pasean ofreciendo vino y canapés. Para relajarme, cojo las copas de dos en dos.
Jorge Berlanga y Juan Echanove están charlando en una esquina. Nacho saluda a Jorge Berlanga. Juan Echanove se acerca a mí.
—He leído ese texto que publicaste en tu blog —dice—. Me parece intolerable, —continúa, agitando sus manos minúsculas delante de mi cara—. Te exijo —grita—, te exijo que me trates como merezco.
Todo el mundo nos mira.
—¡Trátame como merezco!
No sé qué decir. Me encojo de hombros.
—Trátame como a una puta.
Doy un paso atrás. Juan Echanove se echa encima de mí e intenta besarme. Le rechazo con un empujón, cae de rodillas en el suelo y se echa a llorar.
—Déjame doscientos euros —suplica, abrazado a mi pierna.
Consigo zafarme y hago que se incorpore. Le conduzco a la barra, lejos de la gente. Juan Echanove cierra los ojos, extiende los brazos y empieza a moverse al ritmo de la música, como en trance.
—¿Qué quieres tomar? —digo.
Me arrebata la copa y se la bebe de un trago.
—Escúchame un minuto —dice, mirándome fijamente a los ojos—. Los esclavos hacen nuestro trabajo.
Me siento en un taburete y pido dos copas de vodka.
—A veces me gustaría poder desplazarme sin tocar el suelo —dice.
—Eso se llama volar.
—Sí —dice—. Eso se llama volar
—¿Podrías intentar convencer a Nacho y a Borja de que se pasen? He intentado hablar con ellos pero están siempre ocupados.
Sólo consigo que me acompañe Nacho. Borja está haciendo trabajo de investigación para su película y ese día asiste a un seminario sobre energías renovables en Toledo.
Acudimos directamente al bar en el que se celebra el cocktail. La edad media de los invitados es de ciento cincuenta años. Luis está de pie encima de un altavoz hablando por un micrófono. Informa a los asistentes de que al final de la noche participarán en el sorteo de un diamante. Saludamos a Pablo, el socio de Luis. Nos pide que le acompañemos. Nos conduce a otra sala y nos presenta a Ana Botella. Los camareros se pasean ofreciendo vino y canapés. Para relajarme, cojo las copas de dos en dos.
Jorge Berlanga y Juan Echanove están charlando en una esquina. Nacho saluda a Jorge Berlanga. Juan Echanove se acerca a mí.
—He leído ese texto que publicaste en tu blog —dice—. Me parece intolerable, —continúa, agitando sus manos minúsculas delante de mi cara—. Te exijo —grita—, te exijo que me trates como merezco.
Todo el mundo nos mira.
—¡Trátame como merezco!
No sé qué decir. Me encojo de hombros.
—Trátame como a una puta.
Doy un paso atrás. Juan Echanove se echa encima de mí e intenta besarme. Le rechazo con un empujón, cae de rodillas en el suelo y se echa a llorar.
—Déjame doscientos euros —suplica, abrazado a mi pierna.
Consigo zafarme y hago que se incorpore. Le conduzco a la barra, lejos de la gente. Juan Echanove cierra los ojos, extiende los brazos y empieza a moverse al ritmo de la música, como en trance.
—¿Qué quieres tomar? —digo.
Me arrebata la copa y se la bebe de un trago.
—Escúchame un minuto —dice, mirándome fijamente a los ojos—. Los esclavos hacen nuestro trabajo.
Me siento en un taburete y pido dos copas de vodka.
—A veces me gustaría poder desplazarme sin tocar el suelo —dice.
—Eso se llama volar.
—Sí —dice—. Eso se llama volar
viernes, enero 25, 2008
A fuerza de cariño
A fuerza de cariño era una serie de televisión que narraba las vicisitudes de Corky Thacher, un adolescente con síndrome de Down, que se esforzaba en adaptarse a un entorno obstinado en sus prejuicios. Cada semana, Corky nos ofrecía una lección de sacrificio y superación. Sus disparatadas ocurrencias nos inspiraban, nos conmovían y nos hacían reflexionar.
Recuerdo con especial cariño el episodio en el que la integración escolar de Corky era sometida al reto definitivo: el arte. El maestro encargaba a la clase la redacción de un relato. Al recibir la noticia, el rostro de nuestro protagonista se contraía como si hubiera recibido un disparo. Podíamos leer en su semblante que su discapacidad podía convertirse en esta ocasión en un obstáculo tal vez insalvable. “¡Quiero ser creativo!”, gritaba Corky con la misma desesperación con la que Vincent Van Gogh se mutilaba incapaz de soportar el vértigo ante el lienzo en blanco. “¡Quiero ser creativo!”, gritaba. Los guionistas de la serie, en un arrebato visionario, habían sumado locura al síndrome de Down, una fórmula tan volátil y peligrosa como la dinamita. Finalmente, la lógica se imponía. El protagonista leía a sus compañeros, inseguro pero con progresiva firmeza, un relato inspirado en experiencias personales que, a pesar de su mediocre calidad literaria, lograba emocionarnos una vez más.
Corky había vuelto a conseguirlo
Recuerdo con especial cariño el episodio en el que la integración escolar de Corky era sometida al reto definitivo: el arte. El maestro encargaba a la clase la redacción de un relato. Al recibir la noticia, el rostro de nuestro protagonista se contraía como si hubiera recibido un disparo. Podíamos leer en su semblante que su discapacidad podía convertirse en esta ocasión en un obstáculo tal vez insalvable. “¡Quiero ser creativo!”, gritaba Corky con la misma desesperación con la que Vincent Van Gogh se mutilaba incapaz de soportar el vértigo ante el lienzo en blanco. “¡Quiero ser creativo!”, gritaba. Los guionistas de la serie, en un arrebato visionario, habían sumado locura al síndrome de Down, una fórmula tan volátil y peligrosa como la dinamita. Finalmente, la lógica se imponía. El protagonista leía a sus compañeros, inseguro pero con progresiva firmeza, un relato inspirado en experiencias personales que, a pesar de su mediocre calidad literaria, lograba emocionarnos una vez más.
Corky había vuelto a conseguirlo
miércoles, enero 16, 2008
Plaza de España
Un niño lanzando una moneda en el estanque.
Un japonés fumando en pipa.
Juan Echanove con gorra de baseball y gafas de sol.
De incógnito.
Juan Echanove.
Con gabardina. Con barba postiza.
Juan Echanove.
Asediado por la multitud.
Desmembrado, devorado.
Una mujer clava una dentellada en la pierna de Juan Echanove.
Una pareja comparte su hígado.
Un oficinista ayuda a un anciano a verter su sangre en un caldero. Beben.
Es una comunión
Un japonés fumando en pipa.
Juan Echanove con gorra de baseball y gafas de sol.
De incógnito.
Juan Echanove.
Con gabardina. Con barba postiza.
Juan Echanove.
Asediado por la multitud.
Desmembrado, devorado.
Una mujer clava una dentellada en la pierna de Juan Echanove.
Una pareja comparte su hígado.
Un oficinista ayuda a un anciano a verter su sangre en un caldero. Beben.
Es una comunión
sábado, enero 05, 2008
Amenaza
Un padre y su hijo se abrazan junto a un coche aparcado en doble fila. El hijo está calvo. El padre lleva un peluquín rubio. El chico abre el maletero del coche y saca dos trozos de roscón. Entrega a su padre uno de ellos. Empiezan a comer pero un momento después se detienen. El chico ha encontrado una figurita de porcelana dentro de su pedazo de roscón. Ríen.
El padre devora su bizcocho
El padre devora su bizcocho
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













