miércoles, septiembre 22, 2004

Claudio

Esta mañana me he acordado de llevarle las llaves a Claudio. Es un chico argentino que ha venido a pasar unos días a casa de mi hermana, por eso le he llevado las llaves. Anoche terminamos a las tantas, así que he pensado que Claudio estaría dormido y he usado las llaves para abrir la puerta. Entonces él se ha asomado semidesnudo a la puerta del cuarto de baño. Estaba semidesnudo pero yo he pensado que estaba DESNUDO. Así que la conversación ha resultado un tanto difícil. Ha sido una conversación breve, al final él me ha dado las gracias y me ha estrechado la mano y yo he descubierto que llevaba calzoncillos. Anoche cenamos con él en La Estrella y le preguntamos, claro, por el desastre económico. Le dije que siempre había pensado que se exageraba y él repuso que no, que era verdad que todo se había ido a la mierda. Luego llegaron Borja y Nahikari y Nacho y nos fuimos al karaoke. Como no podía ser de otra manera

jueves, septiembre 16, 2004

Muere un ciclista

Muere un ciclista, vale. Por culpa de un coche. Una tragedia. Enseguida empiezan las protestas. Los conductores no respetan a los ciclistas, ésa es la conclusión. Bueno, veamos, ha muerto UN CICLISTA. Por culpa de UN CONDUCTOR. El resto no es culpable. Si los conductores no respetaran a los ciclistas las carreteras estarían llenas de bicicletas rotas y cadáveres. Lo esporádico de este tipo de accidentes demuestra que LOS CONDUCTORES RESPETAN A LOS CICLISTAS. ¿Respetan los ciclistas a los conductores? Es posible que uno de cada quinientos automóviles llegue a MOLESTAR a un ciclista. Una fracción miserable. ¿Cuántos ciclistas tocan los cojones a los conductores? TODOS. Sin excepción. Puede que uno de cada cinco mil automóviles obligue a un ciclista a jugarse la vida. Probablemente uno de cada tres ciclistas obligue a un conductor a realizar una maniobra peligrosa. Y, bien, puede que uno de cada cinco millones de ciclistas MUERA, pero no hay estadísticas de la cantidad de conductores que muere tratando de evitar a esos cabrones lentos y frágiles. El día de nuestra primera comunión a mi hermana le regalaron una bicicleta. Y a mí, una máquina de escribir